El principito

El principito

Se dice que tras cada finalización de una nueva lectura, del nuevo conocimiento aportado en la narración, algo en nosotros nos hace crecer… A bien seguro que es simple y llanamente el nuevo conocimiento adquirido a través de las líneas que nos ha brindado el escritor, pero aun así, hay veces que la cosa va mucho más allá…

Acabo de leer un clásico entre los clásicos, un libro de los recomendados como cuentos cuando eres niño, como desafío analítico para su comprensión lectora cuando eres adolescente o como simple cuento “bonito” o “mágico” cuando eres mayor. Hablo del libro “El Principito”.

 

Lo esencial es invisible a los ojos.

Lo esencial es invisible a los ojos.

Personalmente debo reconocer con un tono más alto en la gama de sonrojo de la ya habitual en mis mejillas, que a mis 27 otoños, no le había dado la oportunidad a mi conocimiento de encontrarse con tamaña obra, y aún a pesar del completo desconocimiento acerca de qué iba exactamente el libro, siempre ha estado en mi lista de los “el próximo” en los centenares que tengo ya leídos a mis espaldas y por leer.

Viéndolo ahora con retrospectiva, una vez finalizado el libro, que el sonrojo por el hecho de no haberle dado la oportunidad hasta ahora disminuye pues considero que éste libro para disfrutarlo y aprender de él, hay que leerlo desde el lado de la gente mayor.
Desde cualquier otro ángulo puedes leer una fábula, cuento, libro de ciencia ficción, de aventuras o hasta conspiración judeo-masónica ya que es un libro que hay que leer como explica el autor o el personaje: sin ver con los ojos, para así llegar a lo esencial, la esencia que quiere transmitir.

Como se puede observar, ha sido un libro que he disfrutado como pocos y que desde la primera página me ha sumergido en lo más profundo y que gracias a ello, he podido ver con perspectiva, como desde otro planeta, los errores más básicos de todos nosotros, la gente grande.

Principito y zorro

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